martes, julio 14, 2009

La Ciudad de los Fotógrafos

Cuando era un adolescente, mi padre me pedía que fuese a la "bodega", donde estaba el centro de operaciones de la empresa, para diferenciarla de la "oficina", donde estaba el área comercial. En ese lugar ubicado en la zona poniente de Santiago de Chile, funcionaba una gran cantidad de operarios, que dirigidos por mi tío Juan Carvajal Cifuentes, era secundado por otras personas en el manejo de los asuntos logísticos y contables de la empresa. Todas as tardes tenía, después del colegio, que acudir a realizar distintas labores de colaboración en la gestión, atiborrados de trabajo por entonces. Ahí era donde, la conversación sobre temas contingentes, encontraba en Lincoyán Berríos, un gran interlocutor, que me permitía desarrollar, mis secretas labores de colaboración en la Vicaría de la Solidaridad, así como en las actividades que realizábamos tanto en la Iglesia, como en el Colegio, Instituto Alonso de Ercilla, de los Hermanos Maristas. Las conferencias de Puebla, las gestiones del Cardenal Raúl Silva Henriquez y la opresiva situación política, hacían mi deleite, en esas jornadas de tedio, interrumpidas a ratos, por los teléfonos y el sonido de las máquinas de escribir Urdewood. Los encuentros se comenzaron a hacer cada vez más frecuentes, tanto así que Don Lincoyán, asistía con su Sra. a la fiesta de San Carlos en mi casa, como parte del todo el equipo de trabajo ejecutivo, de la empresa.
Un día, que ya no recuerdo bien, Lincoyán no fue a trabajar, nada se supo de él. Un manto de dudas, se dejo caer sobre su amplia sonrisa, el fuerte apretón de manos y una cultura, que me maravillaba.
Otro día, después de muchos años, revisando la lista de los Detenidos Desaparecidos, de la dictadura de Pinochet, encuentro su nombre, sin la certeza de saber, si se trataba de un alcance de nombre o de una realidad, que crispaba el alma.
El año pasado, buscando algún panorama de entretención, junto a mis hijos, llegamos a la Universidad Católica, debido a un azaroso encuentro de mi hijo Juan Eduardo, de un volante que anunciaba, la exibición de la Ciudad de los Fotógrafos. Sin pensarlo dos veces, los convencí de ir a verla, ya que estábamos en el Museo de Bellas Artes, a pocas cuadras y podría ser interesante, como documental sobre la fotografía.
Impactante impresión me llevo, cuando comienza el film y retrocedemos a la década de los ochenta, donde siendo, estudiante de actuación, de la Universidad Católica, luchábamos contra las fuerzas opresivas en la calle, pateando bombas lacrimógenas, o devolviendo el ataque, con piedras y barricadas, por el reeestablecimiento, del Estado de Derecho en Chile, el retorno definitivo de la democracia y el fin de los crímenes, torturas y abusos.
El film, comenzó a revivir en mi retina, miles de imágenes de hechos y lugares, donde yo había estado y de los cuales había sido parte activa.
El relato nos comenzó a sumergir en el horror, de esos años, que la mayoría no quiere recordar, más allá de la música y toda la onda ochentera.
Comencé a revivir momento a momento, cada uno de los tristes episodios que empañaron nuestra existencia. Hasta que en un momento, uno de los fotógrafos comienza a revisitar, la vida de algunas personas ejecutadas, al azar, en su entorno cotidiano. Abre un archivo y muestra una foto y dice: "Aqui tenemos por ejemplo: a Lincoyán Berrios junto a su Sra y sus hijos en la playa".
Los destinos de la vida, nuevamente nos habían cruzado, por medio del dolor y del espanto.
Nada se supo de la suerte de Lincoyán. Se dijo en el informe oficial, que habría sido ejecutado y enterrado ilegalmente en la Cuesta Barriga. Luego de la exhumación ilegal ordenada por Pinochet, conocida como "Retiro de Televisores", donde se encubrió la verdad, dejando en la impunidad, tantos crímenes horrorosos.
Este fin de semana, Televisión Nacional de Chile, volvió a exibir: La Ciudad de los Fotógrafos y nuevamente la emoción embargó mi alma, pensando en tantos y tantos que fueron sacrificados en pos de una idea. Y de los que luchamos, los que nos quedamos acá, que no fuimos exiliados, ni a Paris, ni a Cuba, ni a Alemania, ni a ningún lado. Los que luchamos por un ideal, no para ocupar un cargo, dentro del sistema de poder, que terminó finalmente defendiendo a Pinochet, ante la mirada atónita del mundo, pese a los esfuerzos del valiente juez español, Baltazár Garzón.
Terminó la película y nuevamente unas lágrimas, vinieron a recordar esas tardes en la bodega y las interminables conversaciones, donde arreglábamos el mundo con Lincoyán. Nuevamente, me sentí traspasado por el dolor y la impotencia, ante tanta injusticia. Al igual que ese día, cuando se encendieron las luces, del cine y mi hijo, me tomó la mano y me dijo: ¿ porqué estás llorando papá?. Y yo, entre lágrimas, le dije: "por un amigo, que si no olvidas su nombre, no habrá muerto en vano".

In Memoriam:

Lincoyan Berríos
Ejecutado Político
Detenido Desaparecido, hasta el día de hoy.