viernes, marzo 19, 2010

Carvajal en Buenos Aires

Yo, caminaba medio distraído por Corrientes, ya me había recorrido Once y en vez de tomar el subte, decidí salir a caminar, en dirección al Luna Park. La noche había sido maravillosamente larga , las Quilmes se sucedían una tras otra, en el Guerrine, en medio de unas pizzas, inolvidables. La Cordillera de los Andes no existía. Tu voz en el teléfono, decía que venías en camino. Las librerías se me venían una tras otra, ante los ojos. Y yo, ya no sabía cuál colección de Cortázar, me llevaría a casa. En la tarde, San Telmo nos estaría esperando, para bailarnos un tango enamorado. Los charcos reflejaban las nubes en el suelo, cuando de improviso, una brisa, me despeinó por entero... y luego Tú, estabas ahí, frente a mí, muy cerca de El Abasto. Tu pelo más rubio que de costumbre, hacía olitas, en la espera. Y tu sonrisa, era la envidia, de las porteñas. El abrazo, fue un reencuentro entre amores. Los besos, una consecución de gestos al pasar. Nos fuimos, en un taxi a lo del Chino, contándonos rápidamente las novedades. La ducha fue un mágico momento, para hacer el amor sin parar. Nunca supe cuanto fue la cuenta del gas, de ese acto interminable. Cataratas de agua, que bajaban raudos desde tus senos hasta tu pubis, donde leía todo mi futuro y Tú, me amabas hasta el amanecer. Caminando desde la estación Luis Pasteur, enamorados, nos pilló El Alvear...entonces me detuve y te dije: -mira, aquí anoche estuve con el Fito. Tocó con el bambino Carámbula y estrenó Tercer Mundo-. Tus ojos brillaban más que de costumbre. Luego proseguí: -El mejor momento fue, cuando cantó a a capella: Yo vengo a ofrecer mi corazón-. Entonces, me miraste con una cara que jamás olvidaré y me dijiste: -pues yo lo acepto, para que esté junto al mío, para siempre-.
Desde aquella vez, cuando la canto a capella, tu cara vuelve a sonreír y mi corazón reconoce al tuyo, en cada latido de la entrega.


Carvajal Art 2010

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